lunes, 12 de noviembre de 2012

Lágrimas de cocodrilos




Lágrimas de cocodrilos

 
José Salguero Duarte
Lunes, 12 de noviembre 2012

           Si la situación climatológica ha sido y sigue siendo en estos días, más que adversa para determinas zonas españolas, provocando riadas e inundaciones. La situación política, económica, cultural y social es más de lo mismo  o mucho peor, estando el asunto más que oscuro, tiznado o negro. No existiendo ni por asomo un rayo de luz en años luz, porque  de nuevo ha aumentado en el mes de  octubre pasado, el desempleo en unos 128.242 desempleados. Siendo, al parecer, los sectores de  Hostelería y de Sanidad los más perjudicados.

          A esa cifra oficialista habría que añadirles los cientos de miles de extranjeros que  han regresado a sus países de origen. Además de los españolitos que han tenido que hacer sus maletas, marchándose a otros lugares en busca de un mundo mejor, porque el que nos proporciona la política actual española, carece de lo elemental y esencial  para poder subsistir en esta España, de cortadillos y papas fritas encebolladas.

          Situación de falta de empleos, que no es ajena para mí, porque la sufrí con unos dieciocho años de edad, a finales de los sesenta. Viéndome obligado en aquel invierno, con lo puesto, que tuviera que partir en el expreso de media noche desde Algeciras a Barcelona. Porque  el trabajo por esta zona del Campo de Gibraltar escaseaba con la misma intensidad o más que ahora.

          Circunstancias, que me sirvieron de mucho, al abrir mi mente a pensamientos de ciudadanos de pueblos y mundos distintos al andaluz. Pero, todos los que concurrimos allí procedentes de distintos lugares, huimos del hambre y la miseria. Por lo que, al haberme tenido que buscar mis sustentos desde muy joven. Y al no deberle nada a alguien, procedo contra cualquier mameluco, muy educadamente de acuerdo a mis atributos constitucionales.

          Consecuentemente, si tuviera hoy la misma edad que entonces cuando emigré a Cataluña, no me lo pensaría dos veces. Y, me marcharía, en esta ocasión, no allí sino a un país europeo, huyendo de la flor de fango española, de ciertos pensamientos arcaicos de cabezas huecas y cangalladas.

          Y como desde que tengo uso de razón, quise y quiero ser persona. Siempre me alejé situándome a la otra orilla de los fulanos con mentes presuntamente atrofiadas por los sistemas imperantes, por muy alto que fuera y sea el cargo que ostentaban y ostentan. Ya que, un considerable grueso de ellos, utilizan sus estandartes contra los más débiles, en procesos con fundamentos de peyorativas intencionalidades, por imperativos de las huestes que los cobijan en sus status de escalas superiores.

          Anacarsis, filósofo del siglo VII AC, dijo por aquellas remotas fechas de su existencia: “Muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan prendidos en ella; los grandes la rompen". Praxis de Anacarsis, tan real que ha perdurado en este mundo manejada por la mano negra del hombre y la de ciertas damas de hierro, ataviadas con finas telas de  terciopelo.

          Por ello, cuantos más pobres sean los que se queden atrapados en la tela de araña reinante. Más ricos y poderosos serán los otros  de sustratos superiores. Hasta tal punto, que muchos de estos privilegiados, rompen a través del poder que le confiere su grandeza, no sólo la tela de  araña, sino todo cuanto se  les ponga de frente, por la espalda o por derecho.

         Dudando mucho, que esta casta poderosa sea sabia y humana, a pesar de que el filósofo británico, Francis Bacon, dijera que: “los cocodrilos vierten lágrimas, cuando devoran a sus victimas". Creyendo, que eso de “verter lágrimas los cocodrilos cuando devoran a sus victimas", sería filosóficamente por entonces. Porque en la actualidad, por mucho que me ilustre en los programas de natura, jamás he visto a un cocodrilo emanar lágrima alguna, pero si realizar giros sobre sí para desgarrar a sus presas. 

          Y ese despedazamiento, es el que  se está llevando a cabo contra la esencia de  los pueblos, por parte de aquellos que han de orientarlos hacia el albor de la vida. Pero como al ser el dinero el único sustrato que  les mantiene, hacen todo lo contrario. Opinando, sobre ese aspecto lo mismo que el filósofo y escritor francés,  Voltaire, el que decía: “Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero".  

          Siéndoles permitido, por tanto, llegada esa situación depredadora, realizar cuanto les venga en ganas, al no tener cortapisas que los frenes, porque son los cocineros y aprendices de todo lo que se condimenta política, económica y social en el universo. Siendo nosotros, los ciudadanos de cualquier país, presuntos meros cobayas en los tentáculos de sus dominios.

          Y como en España “tanto va el cátaro a la fuente hasta que se rompe”. El caso Bankia afín su consejo de administración a partidos políticos y centrales sindicales española… Ha saltado por los aires su agujero económico, hasta el punto, que los españolitos de a pie tenemos que pagar el millonario rescate efectuado por Europa para reflotarlo por falta de liquidez, por culpa de las malas gestiones, descomunales sueldos de los dirigentes y otros asuntos que se aclararán en el juicio que comenzó días pasados contra  33 ex consejeros, entre  ellos, Rodrigo Rato, ex director de Bankia, ex ministro del PP y ex director del Fondo Monetario Internacional. Al ser  imputados  de haber cometido presuntamente los delitos  de "falsificación  de cuentas, administración  desleal, maquinación para alterar precios, apropiación indebida".  

          Bankia, como es sabido,  se constituyó  con la fusión  de dos cajas de ahorros gobernadas por  miembros afines al Partido Popular (Caja  Madrid y Bancaja), así como,  por  cinco  entidades  bancarias más, entre  ellas, Caja Canarias, Caja Ávila, Caja Segovia y Caja Rioja. Rodríguez Rato, está previsto  que declare el 20 de diciembre.        

          En fin, esta es la decadente España real y demócratas de charangas, panderetas y  de presuntos rateros de guante blanco.