lunes, 17 de junio de 2013

Mezquita de Córdoba y la judería


 
 
Mezquita de Córdoba y la judería

 

 

José Salguero Duarte
Lunes, 17 de junio 2013
 

         Mientras el presunto gobierno mundial en la sombra, compuesto por unos 140 personajes de la política, de las finanzas, de los medios de comunicación, de la intelectualidad y de la realeza… se reunían a puertas cerradas el fin de semana del 8 de junio en Hertfordshire (Inglaterra), para presuntamente marcarles los pasos a seguir a sus pastores esparcidos por el universo. Con el único objeto de proseguir llevándonos desde su ordeno y mando al pensamiento único y a la total sumisión y esclavitud.  

          Servidor, Caballero cubierto o lobo solitario, al negarme que me  roben con intrigas y engaños las señas de identidad de mis esencias. Realicé una visita turística y cultural a Córdoba, alojándome en la habitación número  5 de la primera planta del Hotel Mezquita, sito en la Plaza Santa Catalina. Hotel que recomiendo, por encontrarse en el mismo corazón de la judería junto a la Mezquita. El que a pesar de no ser de cinco estrellas, mi estancia allí fue muy confortable. Porque nada más traspasar su cancela de hierro, me adentré en un templo con sus paredes y patio andalusí repletos de lienzos y de esculturas… propio de los tiempos de nuestros máximos esplendores en el planeta Tierra. 

          Viaje ansiado el realizado, porque necesitaba embriagarme nuevamente de tanto embrujo y exquisiteces de al-Andalus, al hacer unos catorce años que no palpaba tanta excelencia. Porque la última vez que visité Córdoba y Medina Azahara, fue cuando me encontraba recopilando datos históricos sobre la vida y obra del caudillo Muhammad Abi Amir Almanzor. Libro que edité en el año 2002 y al que titulé: Almanzor “Un especial universal”.      

          Almanzor, según mis fuentes documentales nació a orillas del río Guadiaro. Siendo este caudillo el que realizó la última remodelación de la mezquita, con ese enjambre de columnas tan significativas, quedando el mihrab descentrado definitivamente de todo el conjunto arquitectónico construido desde su primera fase.  

          Fue un dictador sangriento y maligno, al que los escribanos oficialistas algecireños en el 2002, coincidiendo con el milenario de su muerte, lo vanagloriaron colocándosele en su honor una estatua en las ruinas merinis, para sonrojo de los califatos de Córdoba, y deshonra de aquella grandiosas época de al-Andalus y actual algecireña y andaluza. Porque “para más inri”, instalaron el susodicho monumento, en la mismísima Avenida Blas Infante “Padre de la Patria Andaluza”, donde permanece impoluto. 

          A Almanzor y a sus protectores historiadores oportunistas, ya en su día, con la roja tinta de mi estilográfica, les serví en bandeja lo que se merecían. Tiempo habrá para volverle a dar el justo descrédito que se merecen. Porque por quemar, Almanzor, llegó a destruir hasta la biblioteca existente por entonces, asesinando con alevosía y ensañamiento hasta a uno de sus hijos y a su suegro.  

          Por ello,  quiero obviarlo desde ya pasando de él y de sus escribas, para que no se me amarguen los dulces paladares que degusto en estos momentos. Porque desde aquel viaje que realicé a Córdoba hasta el de estos días llovió bastante, nunca mejor dicho, porque el puente romano está remodelado perdiendo algo del encanto añejo, según la visión que tenía del mismo en las retinas. Puente, desde donde pude contemplar, una vez más, unas bonitas panorámicas de la mezquita y sus alrededores, así como el rastro dejado por las últimas riadas  de malezas en las riberas del Guadalquivir por la Noria de la Albolafia. 

          Debo citar los baños califales, la sinagoga, la calleja de las flores, la del pañuelo. Y, por supuesto, la zona del Alcázar Viejo en cuyas inmediaciones se encuentran, una vez traspasados los portales de diferentes casas particulares, sus maravillosos patios con diversidad de macetas y colorido propio de edén de edenes, siendo muy visitados como lo son también las cruces de mayo… 

          Es obvio que esté gozoso de cuanto contemplé en Córdoba. Poseyendo tal preñez, hasta el punto, que necesito evacuar casi todo lo que contiene mi placenta, dejando solamente los posos de tanta riqueza de nuestros antepasados, para poder disponer de espacio suficiente, para proseguir enriqueciéndome de tanto de lo que me queda por visitar de mi querida Andalucía.  

          Por ello, si en Sevilla hay que morir; en Granada, Córdoba y Almería… también, al poseer y conservarse aceptablemente bien sus maravillas arquitectónicas… Siendo parada y fonda obligada, estas y las demás capitales, ciudades y pueblos andaluces, obligadamente, para todos los criollos andaluces. Porque primero lo nuestro y después todo lo demás, ya que obras maestras las habrá, pero como las que posee Andalucía, pocas naciones y estados autonómicos o nacionales españoles y extranjeros las igualan.